Archive for junio, 2012


Imposible de ver

¡REACCIONA!

Repetía eso en su cabeza. Gira el picaporte por completo y abre la puerta de la cocina. No había nada ni nadie apoyado en la ventana de la cocina. Se apresura a cerrar la llave del gas que efectivamente se había dejado abierta antes de ir a trabajar y abre la ventana de la cocina. Inmediatamente entran los bomberos que habían sido alertados por los vecinos por el fuerte olor a gas. Le hacen salir de la casa rápidamente por el riesgo aún presente de explosión. Fuera en la calle algunos de los vecinos le criticaban el peligro que les había hecho pasar por su descuido pero él seguía pensando únicamente en esa sombra. ¿La había visto realmente?

Al cabo de hora y media y después de aclarar todo lo sucedido a los servicios públicos que habían acudido a la llamada vuelve a su casa, se ducha y se cambia la ropa que tenía aun un poco húmeda por culpa de la lluvia. Olvidándose de que son las once y media y del hambre que estaba empezando a sentir, saco el portátil de la funda, quería saber si aún funcionaba. Coge el cargador del cuarto de estar y lo lleva al salón donde tenía el portátil. Lo inspecciona antes de conectarlo a la corriente, aparentemente esta seco, lo conecta a la corriente y le da al botón de encender. ¡Funciona! Arranca y muestra el escritorio del sistema operativo, por lo menos no se ha convertido en un pisapapeles. Se conecta a una red wi-fi desprotegida de un vecino poco cuidadoso, pues aún no tiene internet en casa. Le llama la atención en el escritorio del ordenador un archivo qué no recordaba haber dejado antes ahí. El archivo era un vídeo, pensó que sería de algún correo que le mandaban sus amigos y lo envió a la papelera. Ahora mismo le importaban más las ganas de cenar que un vídeo. Se prepara un sandwich con un huevo frito, el huevo no le ha quedado muy allá pero parece comestible, cierra la llave del gas, deja la sartén  y la espumadera en el fregadero y vuelve a revisar que ha cerrado la llave del gas. Coge un refresco de la nevera, un cuchillo, un tenedor y vuelve al salón enciende la televisión y mientras cena se pone a ver una película ya empezada. Era del género de terror, esas le gustaban bastante. Acaba de cenar, la película aún no ha terminado pero han colocado 6 minutos de anuncios. Tiempo más que suficiente para ver las redes sociales y su correo electrónico. De repente, suena el móvil. Era su novia, había tenido que ir ese día al entierro de su tío y llevaba dos días fuera de casa. Él quiso acompañarla pero desgraciadamente tenía mucho trabajo y no pudo acudir. Ella no se lo tomo en cuenta, al fin y al cabo, ella no había entablado demasiados lazos con su tío y él ni siquiera lo conocía. -Llegaré de madrugada, ¿me esperarás despierto? -Por supuesto, la responde sin querer preocuparla por el incidente de hoy. Se despiden y cuelgan. Él siente un gran afecto por ella, de hecho los dos días se le hicieron eternos. Llevaban 2 meses viviendo juntos después de llevar varios años saliendo y la convivencia era perfecta entre los dos. Abre el portátil y se dispone a mirar lo que se había propuesto hacer en los anuncios, la película había vuelto a empezar pero siguió con sus intenciones. El ordenador de nuevo inicia, aparece el escritorio y ese archivo de vídeo otra vez. Pensaba que lo había enviado a la papelera pero ahí estaba. Aún a costa de desatender la película, lo abre. La imagen del vídeo era un hombre que entrababa en una casa rápidamente e iba de habitación en habitación abriendo ventanas. Se quedó pálido cuando vio que las habitaciones, eran las de su propia casa y ese hombre, era él mismo. No se lo podía creer, ¿qué clase de broma macabra era aquello?, puso el vídeo en pausa y se fue a lavar la cara. Regresó al ordenador de nuevo pensando que se lo había imaginado pero no era así según parecía. Empezó a sentir bastante terror. Aún faltaba la mitad del vídeo. Aunque su primer impulso fue apagar el ordenador de golpe, la curiosidad le hizo darle al play. La escena estaba ahora en el momento en el que él había visto esa sombra a través del cristal de la cocina. Se le puso la piel de gallina. Abre la puerta y la sombra que en el vídeo seguía apoyada en la ventana de la cocina empieza a moverse  y le señala. Acto seguido, se produce una explosión, una llama gigantesca engulle la cocina entera como si de una bomba se tratase. Él sale despedido en la explosión hasta el final del pasillo y a continuación, llegan los bomberos. Había muerto. No podía ser cierto. Él no podía estar viendo ese vídeo. Había presenciado su propia muerte. Estaba en shock. Al terminar de verlo, sonó el teléfono de casa. Tuvo que sonar dos veces el timbre para hacerle reaccionar. Fue corriendo a cogerlo aunque se encontraba en el propio salón. Una voz no conocida empezó a hablar.- Se lo que has visto, se lo que piensas, tienes miedo, es real. -¿quién es? – Lo que has visto, se  volverá a repetir, he hecho lo que he podido para ayudarte pero es demasiado fuerte, la sombra, esa sombra representa lo que debió ser, tu final. -¿Cómo sabe eso?- Has de pensar con claridad, prepárate para presenciar lo incomprensible, intentaré contactar contigo pero eres tu quién debe venir hacía mi.  Escuchó la cerradura de la puerta, -Cariño, ya he llegado.-¿Oiga? No se oía nada.-Cuelga el teléfono, su novia pasa al salón, le da un beso. -¿Qué hacías?, estás pálido. – Acaba de llamar un hombre por teléfono. -¿Al de casa?, pero si me dijeron que hasta la semana que viene no tendríamos linea. Corre al teléfono de nuevo, lo descuelga y comprueba que efectivamente, no hay señal, se le cae de las manos.-¿Qué sucede? Intentando evitar la parálisis que volvía a recorrer su cuerpo incapacitándole también del privilegio de hablar, le dice con con voz temblorosa- Siéntate, tengo algo que enseñarte.

Extraña invitada

Por fin!!

Son las 9, sale de trabajar un jueves por la tarde, mañana libra. Está cansado, demasiadas horas sentado delante de una pantalla pero es lo que hay piensa. Pensaba que su vida implicaría moverse un poco más y no estar todo el día sentado, sin embargo, le gusta y compensa su posición estática casi diaria encendiendo la cinta de correr que tiene en su casa. Él preferiría sin duda alguna salir a la calle a hacer deporte pero muchas veces no es posible. Baja a la calle desde su lugar de trabajo usando las escaleras, tiene las piernas atrofiadas de su escaso movimiento y las escaleras ayudarán a que estén despiertas al llegar a la calle, son seis pisos pero al fin y al cabo es bajar y no subir piensa. Sabe perfectamente que las luces que iluminan ahora la escalera se apagarán cuando llegue al segundo piso, nunca llega hasta abajo sin haber pulsado el interruptor de las luces al menos dos veces. Por fin abajo, se despide de la chica de recepción y del vigilante de seguridad que acababa de empezar su turno. Sale a la calle y… ¡Está lloviendo! No se lo puede creer, cuando entró al trabajo hacía un sol deslumbrante y bastante calor, ni siquiera se había percatado cuando estaba trabajando de que había empezado a caer una tromba de agua hace una hora. Por su puesto, no llevaba un paraguas encima, tan solo el portátil dentro de su funda. No había comprobado a ciencia cierta si la funda era impermeable pero como iba a mojarse igualmente, se la puso en la cabeza para cubrirse con escaso éxito del diluvio que estaba cayendo. Iba hacia el coche corriendo, justo hoy lo tuvo que aparcar un poco mas lejos de sus trabajo debido a que la calle en la que siempre lo aparca estaba en obras. De camino hacia el automóvil veía como la calle solo era transitada por dos o tres valientes con paraguas que miraban como se iba calando rápidamente a pesar de la efímera protección que le brindaba la funda. Cuando vio que no tenía solución, dejo de sujetar la funda con el portátil dentro y se la colgó en el hombro. Ahora su única preocupación se centraba en el estado en el que estaría su portátil cuando lo sacase de la funda. Llega a su coche andando, ya está empapado, abre la puerta y entra, el asiento del conductor empieza a mostrar signos de humedad rápidamente como era de esperar. Antes de arrancar, saca el portátil de la funda para comprobar si aún funciona, la funda no era impermeable, eso lo acaba de descubrir pero a simple vista el portátil no está muy mojado. Intenta encenderlo y no arranca pero recuerda que la batería se le había acabado dos horas antes en el trabajo y no se había llevado el cargador. Debería de esperar a llegar a casa para comprobar si el ordenador realmente había dejado de ser útil a causa del agua. Encendió el coche, puso su música y empezó a maniobrar para salir del escaso hueco que tenía gracias al conductor que había dejado aparcado el coche detrás del suyo, por delante, únicamente tenía pivotes clavados en la acera. Pensó que en el fondo la culpa era suya por no haber dejado más espacio entre su coche y los pivotes. Consigue salir y se pone en marcha hacia su casa. De camino a ella observa en la calle como varias alcantarillas están rebosando agua a causa de la lluvia, a causa de la misma, por la calle que va encuentra una larga fila de coches parados con las luces de freno traseras encendidas. A parte de provocar que ahora mismo estuviese empapado, la lluvia también provoca esos desagradables atascos en la ciudad. Llega después de veinte minutos de retenciones a la calle donde se encuentra su casa, mete el coche en el garaje y empieza a caminar hacia ella. Ha dejado de llover, el calor empieza a aparecer de nuevo y solo queda de ese diluvio unos cuantos charcos en el suelo. Busca las llaves para abrir la puerta y cuando lo hace, detecta un extraño olor picante bastante intenso y familiar. ¡Era gas!, ¿un escape?, ¿se había dejado la llave de paso abierta?, no lo sabía, pero su olor era muy fuerte, dejo la puerta abierta de par en par y retrocedió unos pasos atrás mientras pensaba si llamar a los bomberos o entrar a abrir todas las ventanas de la casa para que se ventilase. De pronto recordó que había estado usando la cocina de gas antes de irse a trabajar y que se había marchado con mucha prisa pues iba a llegar tarde al trabajo, no recordaba haber cerrado la llave. Finalmente decide entrar en la casa a pesar de que su instinto le dice que es bastante peligroso, pues ya empezaban a verse ondulaciones en el aire provocadas por el gas. Empieza por el salón, abre todas las ventanas de par en par, luego por mayor proximidad, empieza a abrir el ventanuco de uno de los baños, luego pasa a las ventanas del cuarto de estar, las de los dormitorios y a continuación las de su habitación. Al final del pasillo y en la punta opuesta de la entrada de la casa, se encontraba la cocina, la puerta estaba cerrada y el olor a gas se intensificaba a medida que iba acercándose a ella. Mientras avanzaba, su cabeza se llenaba de pensamientos de los posibles objetos cotidianos que había en su casa que pudiesen generar una mínima chispa que hiciesen reaccionar la presencia de ese gas que desatase una desgracia. Un interruptor, una clavija de un enchufe, una bombilla, el propio frigorífico… Empezó a recordar uno por uno todos los objetos eléctricos que tenia en su casa. Es increíble como una pequeña chispa insignificante con las condiciones adecuadas es capaz de provocar una catástrofe tan grande, como la vida misma pensó. Estaba a punto de girar el picaporte de la puerta de la cocina cuando por el cristal translúcido de tono amarillento de la puerta, apreció una sombra distorsionada apoyada en la ventana de la cocina. Un escalofrío recorrió su cuerpo y paralizó su mano dejando el picaporte de la puerta a medio girar. ¿Qué narices era esa sombra?, ¿quién podía estar allí con la cantidad de gas que había en el ambiente?, ¿estaba alucinando por haber inhalado demasiado gas? Lo cierto es que el gas no estaba ya en sus preocupaciones, la imagen de esa sombra se había metido en su cabeza y no reaccionaba. Mientras, el gas seguía saliendo y el ambiente estaba suficiente cargado para que una pequeña chispa desencadenase un final poco agradable. El tiempo estaba en su contra y sus posibilidades también a menos que consiguiese reaccionar de una vez.